
Un tango voy bailando con la muerte
de ineludible y cruenta partitura,
pero bailo sujeto a su cintura
aunque sepa que echada está la suerte.
Al compás de los años se hará fuerte
aumentando el valor de su estatura,
envolviendo este tango en desmesura
hasta que al fin, sin cuerpo me despierte.
Bailemos como dos viejos amigos,
¡si morimos ya el día que nacemos!
bajo la tierra hay miles de testigos,
que silenciosos, miran lo que hacemos.
Olvídate que fuimos enemigos
y tal vez… al final, ¡nos abracemos!