Partió aquella mañana con la idea
de encontrar el cobijo de unos brazos,que ampare al corazón hecho retazos
por la vida que es ciega y que golpea
y se vuelve intratable por la fea
manera en que amedrenta con fracasos,
los días de penurias y de ocasos
que se lleva y devuelve la marea.
Al cabo de su largo y duro viaje
percibió que su paso era pesado,
por el fango, la lluvia y el descuaje
del ánimo, aterido y ya cansado,
por no encontrar siquiera en el paisaje
un viento sepulcral a su pasado.






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