Tu cabello, de trigo y viento hecho,
donde sueña y descansa mi sentido,
donde el sol se recuesta adormercido
entre días de siega y de barbecho,
entibiando el forraje de mi lecho
reservado a tu áureo colorido,
que se entrega sin duda ni quejido
a calmar la tormenta de mi pecho.
Tu cabello es de oro repentino,
espuma que en mis manos se deshace,
incendio que conduce al desatino
maraña, donde el corazón renace,
donde encuentra forjado su destino
y de su encuentro fresco se complace.