Quedaron solitarios los malvones
huérfanos de amapolas y azaleas,
rodeados de hierbas fariseas
que crecen en los húmedos rincones
De los rojos, ¡teníamos montones!
Erguidos como verdes chimeneas
y radiantes cual fuegos de mil teas,
centinelas de sueños y pasiones.
Malvones de la tierna juventud
cazadores de lunas y de estrellas
soportan el olvido con virtud,
así como disputo mis querellas
impuestas por la cruel ingratitud
del pasado, que roba hasta sus huellas.