Alimenté de dudas nuestros días
vigilando las huellas estampadas,
maldiciendo mil veces las miradas
que rogué se devoren las arpías.
Me ahogaba de miedo si partías,
si rompía tu risa entre cascadas
y en un mundo de penas infundadas,
me mordieron las dudas más impías.
Fue un infierno de sexo femenino,
derrochando pasión mal dedicada
a cazar un onírico felino,
clavándole puñales a la nada
y regando de piedras el camino
del alma, que agoniza atormentada.