Deambula desolado y vengativo
el ángel desterrado de los cielos,
no encuentra ni placeres ni consuelos
ni a sus días un mínimo motivo,
solo busca con ánimo obsesivo
al alma sofocada en sus desvelos
a quien jura cumplirle sus anhelos,
con ánimo burlón y persuasivo.
Solitaria se ha vuelto su existencia,
sin credos y privado de ternura
no suplica ni sabe dar clemencia,
herido por su propia mordedura,
no le quedan derechos de indulgencia
ni cáliz, que exorcice su amargura.