Derribé la pared que nos separa
para verte completa y deslumbrante,
para ver tu sonrisa a cada instante
y el sol que resplandece en tu mirada,
para ser de tu boca enamorada
su dueño empedernido y arrogante,
y custodio implacable y vigilante
de la risa que llevas por espada
aunque me hiera el temple de su filo
o me derrita el fuego de tus ojos,
no te dejo, ni tiemblo, ni vacilo,
ni me altera el fragor de tus antojos,
porque te siento atada con el hilo
de la aguja que zurce mis despojos.