Con tu suela gastada y abatida
estampé con mil huellas el camino,
sintiendo en cada paso que el destino
me devolvía al punto de partida.
Reducido a tu estampa malherida
y tu aspecto mal visto de gorrino,
no perdiste tu tinte jacobino
que dio calce a los actos de mi vida.
A pesar de tu mímica afectiva
se aproxima el final de esta novela,
la caminata ha sido ya excesiva
y aunque sienta que dejarte hoy me duela
no queda ya ninguna disyuntiva,
ni lugar para taco y media suela.